Capítulo IV: Colegio de las Hermanas

A fines del siglo XIX fue construida donde hoy se cruza la avenida General Paz, y a cien metros  de las vías del ferrocarril (hoy estación Liniers), la capilla y colegio de la Sociedad Hijas del Divino Salvador en los terrenos pertenecientes al partido de San José de Flores donados en el año 1830 a la Santa Casa de Ejercicios por Doña Mercedes Córdoba.

En un acto que por aquellos tiempos fue multitudinario, concurrieron vecinos de la capital como de pueblos cercanos, funcionarios, militares y, obvio, representantes del clero, fue levantada  un acta que llevaba como fecha el 30 de septiembre de 1875 donde se cita específicamente que quedan inaugurados el Colegio y la Capilla, acto llevado a cabo por quien era el Arzobispo Metropolitano Monseñor Federico Aneiros y puestas bajo la advocación de San Cayetano de Tienne,  patrono de la comunidad religiosa citada anteriormente.

María Antonia de Paz y Figueroa, quien instituyó la Congregación “Hijas del Divino Salvador”. Declarada beata en el 2016.

Muy pronto acudieron a recibir educación en el Colegio de las Hermanas, numerosas pupilas y alumnos hijos de familias de Flores y Ramos Mejía. Y se mencionan dos ciudades, debido a que el partido San José de Flores, por aquel entonces,  abarcaba una extensión importante de la zona oeste, ya que barrios como Primera Junta, Floresta, Villa Luro, Mataderos, Liniers no existíanRamos Mejía se cita porque  funcionaba como parador del ferrocarril.

Las comunicaciones entre el colegio y los pueblos no era del todo fácil por aquella época, pero en marzo del año 1876 debido a gestiones realizadas por la curia y un grupo de vecinos se llega ante quien fuese el presidente del directorio del ferrocarril, Don Antonio Cambaceres, y de estas gestiones se consigue la instalación de un apeadero frente al portón del colegio que facilita enormemente la llegada hasta el mismo de familias y alumnos que hasta el momento lo hacían con carretas o como se solía decir “  tracción a sangre”.

Ese hecho dio origen a la actual estación Liniers, que fue construida sobre un terreno de 22.500 varas cuadradas (1), que  se consiguieron  de una negociación con  el vecino lindero señor Modesto Peralta, que permutó esos terrenos.

El 15 de marzo de 1876 comenzaron a parar frente a lo que era el viejo almacén llamado “El Porvenir” los trenes números tres, cuatro, nueve y doce, dando principio así al movimiento de la nueva estación.

La vida del establecimiento educativo se deslizó  por espacio de muchos años con una estrecha relación con los vecinos y primitivos pobladores de Villa Liniers, quienes acudían todos los domingos a la misa en la modesta capilla.

En el recuerdo de los antiguos pobladores, se revivía el espectáculo alegre y pintoresco de aquellas caravanas que a pie, en sulky o a  caballo, llegaban desde lejanas quintas al oficio religioso,  lugar que   por sus pequeñas dimensiones no podía albergar a todos los concurrentes

Vecinos de Ciudadela cercanos a la estación (hoy fallecidos) supieron documentar en su memoria que desde sus casas se veía  la cúpula de lo que hoy es San Cayetano y otros un poco apartados por cuadras, divisaban la estación del ferrocarril si ningún problema.

(1): Vara-unidad de longitud utilizada preferentemente en España y Portugal

Fuentes: Monografía de José Alfonso y Periódico Ciudadela Mi Ciudad

Ciudadela Mi Ciudad
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